La vida que no va a pasar frente a tus ojos al morir


La vida que no va a pasar frente a tus ojos al morir.




La posibilidad de que la vida pase frente a mis ojos unos instantes antes de morir me parece redundante. ¿Cuál es el sentido? ¿Hacernos recordar errores ya prescritos, aciertos casuales, de modo tal que podamos arrear la hacienda de la memoria al otro plano sin omisiones caprichosas?

Tampoco podemos corroborar esa creencia; a lo sumo, dar crédito al testimonio de personas que estuvieron al borde de la muerte. Y ya sabemos que este tipo de individuos suelen regresar con ideas bastante excéntricas.

Además, convengamos en algo: no hay tantos episodios significativos en la vida, sino más bien una continuidad de sucesos menores: boludeces, en una palabra, como doblar una caja de pizza antes de tirarla a la basura o reventarse un grano frente al espejo del baño.

Sería desagradable tener que repasar esas efemérides; o peor aún, descubrir que de algún modo están conectadas a las vicisitudes trascendentales del ser.

—Pero, cuidado —nos alerta la metafísica—. Las escenas que pasan frente a nosotros en el momento de la muerte son las más importantes que hemos vivido.

Esa posibilidad me parece todavía más incierta.

¿Cuáles son los hechos importantes de la vida?

¿El primer amor? ¿El último? ¿Aprender a caminar?

Más allá de estas cuestiones, podemos pensar que, si efectivamente vemos que la vida pasa frente a nuestros ojos, de forma absoluta o editada, en el instante previo a la muerte, también debemos concluir que el tiempo, al menos durante esa proyección, se torna más relativo que nunca.

Mientras nuestro cuerpo se dispone a morir, recordamos; pero lo cierto es que ese proceso se repite constantemente, una y otra vez, a lo largo de la vida.

La diferencia consiste en que revisar el pasado se vuelve algo más vívido, e incluso horrible, frente a un hecho sobrecogedor, como la posibilidad concreta de morir; pero la revisión es continua, no se detiene, y a menudo transcurre en esas situaciones anodinas que, por astucia, hemos hemos aprendido a despojar de gravedad.

De común acuerdo, quizá para soportar el peso del ayer, privilegiamos los recuerdos que visitan al hombre que agoniza en una cama de hospital, y descalificamos las canalladas, los desengaños, los noviazgos enteros, que vemos pasar frente a los ojos mientras nos sacamos las medias.




Egosofía. I Diarios de antiayuda.


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«El crimen del otro»: Horacio Quiroga; libro y análisis


«El crimen del otro»: Horacio Quiroga; libro y análisis.




El crimen del otro (El crimen del otro) es una colección de relatos de terror del escritor uruguayo Horacio Quiroga (1878-1937), publicada en 1904.

La antología agrupa varios de los cuentos de Horacio Quiroga más interesantes, aunque claramente menos importantes en relación a los que llegarían más adelante en: Cuentos de amor de locura y de muerte y Los desterrados, entre otros.

Por tratarse del primer libro de cuentos de Horacio Quiroga —anteriormente había publicado Los arrecifes de coral, con algunos cuentos pero en su mayoría integrado por poemas—, El crimen del otro es una obra fundamental para conocer la evolución de este verdadero maestro del horror latinoamericano.

En El crimen del otro vemos a un Horacio Quiroga todavía atrapado en el laberinto del modernismo —género que lo cautivó en su juventud, y del que se iría desprendiendo poco a poco en la madurez—, aunque con pasajes que anticipan la cicatrización de esa herida.

A lo largo de la colección se observa la gran influencia de autores como Guy de Maupassant y Edgar Allan Poe; de hecho, el cuento que le da título al libro: El crimen del otro, es prácticamente una versión rioplatense del clásico de E.A. Poe: El barril de amontillado (The Cask of Amontillado).




El crimen del otro.
El crimen del otro, Horacio Quiroga (1878-1937)
  • Corto poema de María Angélica.
  • El 2º y el 8º número.
  • El crimen del otro.
  • El haschich.
  • El triple robo de Bellamore.
  • Flor de imperio.
  • Historia de Estilicón.
  • Idilio.
  • La justa proporción de las cosas.
  • La muerte del canario.
  • La princesa bizantina.
  • Rea Silvia.


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Relatos góticos. I Relatos de Horacio Quiroga.


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«El valle de la inquietud»: Edgar Allan Poe; poema y análisis


«El valle de la inquietud»: Edgar Allan Poe; poema y análisis.




El valle de la inquietud (The Valley of Unrest) —también publicado como: El valle intranquilo— es un poema maldito del escritor norteamericano Edgar Allan Poe (1809-1849), publicado originalmente en la antología de 1831: Poemas (Poems), con el título: El valle Nis (The Valley Nis).

Años después, el autor detectó una mala interpretación de la palabra gaélica innis, que significa «isla», y que él mismo había incluido en el poema como Nis. No sería ese el único cambio que E.A. Poe introduciría con el tiempo. La versión final fue reeditada con su título definitivo en la edición de abril de 1845 de la revista American Review.

El valle de la inquietud, sin dudas uno de los poemas de Edgar Allan Poe más enigmáticos, presenta varias diferencias en sus respectivas versiones. En la primera de ellas, fechada en 1831, se menciona a una mujer llamada Helen, probablemente Sarah Helen Whitman, uno de los grandes amores de Edgar Allan Poe. Esa mención, sin embargo, desaparece en la versión de 1845.

En resumen: El valle de la inquietud desarrolla la visión de un paisaje que, al mismo tiempo, se percibe como algo mágico pero también desolador; cuestiones que Edgar Allan Poe a menudo explora en sus poemas, como en La ciudad en el mar (The City in the Sea), donde la belleza del paisaje lentamente se funde con una sensación de intranquilidad de parte del observador, o, como en este caso, de inquietud.




El valle de la inquietud.
The Valley of Unrest, E.A. Poe (1809-1849)

Hubo una época en la que el valle sonreía,
en silencio, aunque nadie allí vivía;
su gente había marchado a la guerra
confiando el cuidado de esa sierra,
por la noche, a la fiel mirada de las estrellas,
y de día, a los brillantes resplandores
del sol que dormitaban entre las flores.
Pero ahora, para todo visitante
el valle triste es inquieto e inquietante.
Nada se detiene allí, ni un solo instante;
nada salvo el aire que se cierne
sobre la soledad perenne.
Ningún viento agita los ramajes
que palpitan como el gélido oleaje!
Ningún viento empuja el furtivo
manto de nubes que, sin respiro,
surcan durante el día el cielo esquivo
sobre las violetas allí esparcidas,
como ojos humanos de mil cabezas,
sobre las ondeantes azucenas
que lloran junto a las tumbas ajenas.
Ondean: y en sus pétalos más tiernos
se agrupan gotas de rocío sempiterno.
Lloran: y por sus tallos claudicantes
bajan eternas lágrimas, como diamantes.


Once it smiled a silent dell
Where the people did not dwell;
They had gone unto the wars,
Trusting to the mild-eyed stars,
Nightly, from their azure towers,
To keep watch above the flowers
In the midst of which all day
The red sun-light lazily lay.
Now each visiter shall confess
The sad valley's restlessness.
Nothing there is motionless -
Nothing save the airs that brood
Over the magic solitude.
Ah, by no wind are stirred those trees
That palpitate like the chill seas
Around the misty Hebrides!
Ah, by no wind those clouds are driven
That rustle through the unquiet Heaven
Unceasingly, from morn till even,
Over the violets there that lie
In myriad types of the human eye -
Over the lilies there that wave
And weep above a nameless grave!
They wave: - from out their fragrant tops
Eternal dews come down in drops.
They weep: - from off their delicate stems
Perennial tears descend in gems.
They wave; they weep; and the tears, as they well
From the depth of each pallid lily-bell,
Give a trickle and a tinkle and a knel
.

Edgar Allan Poe
(1809-1849)




Poemas góticos. I Poemas de Edgar Allan Poe.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Edgar Allan Poe: El valle de la inquietud (The Valley of Unrest), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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