«Somos los hacedores de música»: Arthur O'Shaughnessy; poema y análisis


«Somos los hacedores de música»: Arthur O'Shaughnessy; poema y análisis.




Somos los hacedores de música, los soñadores de sueños (We Are The Music Makers, We Are The Dreamers of Dreams) —cuyo título original es: Oda (Ode)— es un poema metafísico del escritor inglés Arthur O'Shaughnessy (1844-1881), publicado en la antología de 1874: Música y luz de luna (Music and Moonlight).

Somos los hacedores de música, los soñadores de sueños, es sin dudas uno de los poemas de Arthur O'Shaughnessy más destacados; básicamente un canto de celebración a los artistas y al impacto que estos producen en el mundo que nos rodea.

Arthur O'Shaughnessy emplea una gran cantidad de eufemismos, como Hacedores de Música (Music Makers), Soñadores de Sueños (Dreamers of Dreams) y Agitadores e Impulsores (Movers and Shakers), para referirse a los artistas, probablemente músicos y poetas en particular. En esencia, el poema nos invita a reflexionar sobre la mayor ambición del arte: el cambio, a veces radical, otras paulatino, de la sociedad y sus miembros.




Somos los hacedores de música.
We Are The Music Makers, (1844-1881)

Somos los hacedores de música,
los soñadores de sueños,
Vagando por solitarias rompientes,
Sentados junto a desolados arroyos;
Perdedores y olvidados,
Sobre quienes la pálida luna resplandece;
Sin embargo, somos los agitadores e impulsores
del mundo, eternamente, así parece.

Con espléndidas e inmortales canciones
Construimos las ciudades más grandes,
Y de una fabulosa historia
Levantamos la gloria de un imperio;
Un hombre con un sueño
Puede ir y conquistar una corona,
Pero tres, con el acorde de una canción,
Pueden derribar un reino.

Nosotros en las eras yacemos,
En el pasado enterrado de la Tierra,
Construimos Nínive con susurros,
Babilonia con la risa;
Y ambas fueron derrocadas con profecías
sobre el nuevo valor del mundo;
Pues en cada era existe un sueño que agoniza,
O uno que está naciendo.

Un soplo de nuestra inspiración
Es la vida de cada generación;
Algo maravilloso de nuestro soñar
Inverosímil, aparentemente imposible:
El soldado, el rey, el campesino
Trabajan juntos, como uno solo,
Hasta que nuestro sueño se convierta en su presente,
Y su trabajo esté hecho.

Ellos no ven con asombro
La agradable casa que están construyendo,
No tienen presagios divinos
De la tierra de la cual se marchan;
Pero en el alma de un hombre esto se ha quebrado,
Una luz que no desaparece;
Y su brillo, una palabra que se ha dicho,
Enciende la llama en el corazón de otro hombre.

Y quizá por eso el hoy es emocionante,
Con los pasados finales del día ya realizados;
Y las multitudes están unidas
En la fe a la que se oponen sus padres,
Y desprecian el sueño del porvenir,
Provocando el avance al ir
por el mundo con su alegría o su tristeza,
Del sueño que ayer fue despreciado.

Pero nosotros, con sueños y canciones,
Seguimos incesantemente, sin tristeza.
La gloria aferrándose a nosotros,
De los gloriosos futuros que vemos,
Nuestras almas con música resuenan;
¡Hombres! Que siempre deba ser
Que habitemos, con nuestros sueños y canciones,
Un poco apartados de ustedes.

Porque lejos estamos con el amanecer
Y los soles que no ascienden todavía,
Y sin la mañana infinita
Tú, intrépidamente, nos oyes llorar.
Cómo, a pesar de tu desprecio humano,
Una vez más el futuro de Dios se acerca,
Y ya parte progresivamente la advertencia:
Los del pasado deben morir.

¡Salud! Clamamos en las esquinas,
Desde las orillas espléndidas, desconocidas;
Tráenos tu sol y tus veranos;
Y renueva nuestro mundo como antaño;
Nos enseñarás tus nuevas canciones,
Y cosas que nunca antes soñamos;
Sí, a pesar del soñador que dormita,
Y el cantante que no tiene cantos.


We are the music makers,
And we are the dreamers of dreams,
Wandering by lone sea-breakers,
And sitting by desolate streams;—
World-losers and world-forsakers,
On whom the pale moon gleams:
Yet we are the movers and shakers
Of the world for ever, it seems.

With wonderful deathless ditties
We build up the world's great cities,
And out of a fabulous story
We fashion an empire's glory:
One man with a dream, at pleasure,
Shall go forth and conquer a crown;
And three with a new song's measure
Can trample a kingdom down.

We, in the ages lying
In the buried past of the earth,
Built Nineveh with our sighing,
And Babel itself in our mirth;
And o'erthrew them with prophesying
To the old of the new world's worth;
For each age is a dream that is dying,
Or one that is coming to birth.

A breath of our inspiration
Is the life of each generation;
A wondrous thing of our dreaming
Unearthly, impossible seeming—
The soldier, the king, and the peasant
Are working together in one,
Till our dream shall become their present,
And their work in the world be done.

They had no vision amazing
Of the goodly house they are raising;
They had no divine foreshowing
Of the land to which they are going:
But on one man's soul it hath broken,
A light that doth not depart;
And his look, or a word he hath spoken,
Wrought flame in another man's heart.

And therefore to-day is thrilling
With a past day's late fulfilling;
And the multitudes are enlisted
In the faith that their fathers resisted,
And, scorning the dream of to-morrow,
Are bringing to pass, as they may,
In the world, for its joy or its sorrow,
The dream that was scorned yesterday.

But we, with our dreaming and singing,
Ceaseless and sorrowless we!
The glory about us clinging
Of the glorious futures we see,
Our souls with high music ringing:
O men! it must ever be
That we dwell, in our dreaming and singing,
A little apart from ye.

For we are afar with the dawning
And the suns that are not yet high,
And out of the infinite morning
Intrepid you hear us cry—
How, spite of your human scorning,
Once more God's future draws nigh,
And already goes forth the warning
That ye of the past must die.

Great hail! we cry to the comers
From the dazzling unknown shore;
Bring us hither your sun and your summers;
And renew our world as of yore;
You shall teach us your song's new numbers,
And things that we dreamed not before:
Yea, in spite of a dreamer who slumbers,
And a singer who sings no more.


Arthur O'Shaughnessy
(1844-1881)




Poemas góticos. I Poemas de Arthur O'Shaughnessy.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Arthur O'Shaughnessy: Oda (Ode), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Los cálices vacíos»: Delmira Agustini; poemas y análisis


«Los cálices vacíos»: Delmira Agustini; poemas y análisis.




Los cálices vacíos (Los cálices vacíos) es una colección de poemas de amor de la escritora uruguaya Delmira Agustini (1886-1914), publicado en 1913.

Los cálices vacíos es la tercera y última antología de la autora, precedida por El libro blanco y Cantos de la mañana, y reúne algunos de los mejores poemas de Delmira Agustini.

Aquí, Delmira Agustini revela una faceta mucho más profunda en términos de estructura, forma, e ideología, que en obras anteriores, y demuestra un sutil manejo de las herramientas del Modernismo.




Los cálices vacíos.
Los cálices vacíos, Delmira Agustini (1886-1914)
  • Amor.
  • Desde lejos.
  • El intruso.
  • El vampiro.
  • Fué al pasar.
  • Inextinguible.
  • Íntima.
  • Lo inefable.
  • Mi musa triste.
  • Nocturno.
  • Supremo idilio.
  • A Eros.
  • Al lector.
  • A lo lejos.
  • A una cruz.
  • ¡Ave, envidia!
  • Batiendo la Selva.
  • Carnaval.
  • Ceguera.
  • Con tu retrato.
  • De Cantos de la mañana.
  • De «Elegías dulces».
  • De El libro blanco.
  • De Fuego, de sangre y de sombra.
  • De mi númen á la muerte.
  • Día Nuestro.
  • El cisne.
  • El hada color de rosa.
  • El nudo.
  • El poeta leva el ancla.
  • El poeta y la diosa.
  • El poeta y la ilusión.
  • El surtidor de oro.
  • En silencio...
  • En tus ojos.
  • Explosión.
  • Fiera de amor.
  • Fragmentos.
  • ¡Oh, tú!
  • La barca milagrosa.
  • La copa del amor.
  • La estatua.
  • La Musa.
  • La ruptura.
  • Las alas.
  • Las coronas.
  • La sed.
  • La Siembra.
  • Lis púrpura.
  • Los relicarios dulces.
  • Mi musa tomó un día la placentera ruta.
  • Mi oración.
  • Mis ídolos.
  • Misterio: ven.
  • Nardos.
  • Noche de reyes.
  • Otra estirpe.
  • Para tus manos.
  • Plegaria.
  • Poemas.
  • Por campos de ensueño.
  • Pórtico.
  • Primavera.
  • Racha de Cumbres.
  • Rebelión.
  • Tres pétalos a tu perfil.
  • Tu boca.
  • Tú dormías.
  • Una chispa.
  • Un alma.
  • ¡Vida!
  • Visión.




Libros de poemas. I Libros de Delmira Agustini.


El análisis y resumen del libro de Delmira Agustini: Los cálices vacíos (Los cálices vacíos), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Qué se siente realmente al ser mordido por un vampiro


Qué se siente realmente al ser mordido por un vampiro.




Si el cine de terror nos ha enseñado algo es que la mordida de un vampiro no es dolorosa.

De hecho, es frecuente que estas desafortunadas víctimas tengan una mirada extraviada mientras el vampiro se dispone a perforarles el pescuezo. No hay gritos. La presa no lucha, no se retuerce como sin dudas lo haría al ser atacada por humano o un animal. En cambio, asume la elegante postura de la entrega, de la docilidad, que a veces es tamizada con algún tímido gesto de incomodidad.

Para entender qué representa la mordida del vampiro, y por qué la sensación de ser mordido por uno acaso podría ser reconocida por cualquier persona, tanto en términos físicos como emocionales, tomaremos un ejemplo paradigmático: la gran novela gótica de Bram Stoker: Drácula (Dracula), la cual ha servido de inspiración para algunos de los grandes tarascones del género.

En principio hay que establecer algunas cuestiones: el conde Drácula no muerde a los hombres; solo a las mujeres, primero a Lucy Westenra y luego a Mina Murray.

¿Cuestión de principios?

Es probable.

Después de todo, como príncipe de los vampiros podemos pensar que ése es su privilegio, es decir, elegir a la víctima que mejor se ajuste a sus gustos personales, o también que las mujeres pueden llegar a ser presas más fáciles, pero ninguna de estas posibilidades resultan lógicas de acuerdo a lo que plantea Bram Stoker en la novela.

Tomemos el caso de Renfield, en términos criollos, regalado en una acolchada celda de manicomio.

Drácula no lo muerde, a pesar de que se encuentra bastante débil como consecuencia de la quema de sus guaridas por parte de Van Helsing y sus grupo de entusiastas. A su vez, Renfield espera con ansiedad esa mordida, y en varios pasajes él mismo desliza la certeza de que el conde se lo ha prometido.

Pobre iluso.

Bram Stoker se toma grandes trabajos para retratar a Renfield como una persona desviada. Su enfermedad mental y su reclusión en el manicomio nos recuerdan el paso de Oscar Wilde por la cárcel de Reading, donde fue encerrado por cometer el delito de amar a otro hombre.

Drácula no muerde a Renfield. Eso sí, lo mata de un modo atroz, básicamente moliéndolo a golpes contra las rejas de la celda.

El destino de Renfield es el más ingrato de la novela. Es el único personaje que realmente quiere que lo muerdan, y el único que hace algo voluntariamente para ayudar al conde a instalarse en Londres. Lamentablemente, su desviación le impide convertirse en un vampiro hecho y derecho.

El segundo ejemplo que nos brinda esta historia es el de Jonathan Harker, prisionero en el castillo de Transilvania en la primera parte de la novela: El huésped de Drácula (Dracula's Guest). El conde tampoco lo muerde, sino que lo entrega a sus odiosas pero sensuales concubinas: las tres novias de Drácula.

Es en este encuentro entre Harker y las vampiresas donde Bram Stoker pone de manifiesto por primera vez qué se siente ser mordido por un vampiro.

El cine ha tomado muchas precauciones para representar esta escena, con un Harker tratando de disimular una mueca de placer al ser atacado por esas tres mujeres bellísimas; sin entender que, en realidad, Bram Stoker prescinde por completo de las metáforas. La novela describe específicamente que aquel encuentro es de naturaleza carnal.

El problema, en todo caso, consiste en que una descripción en términos explícitos para la Inglaterra victoriana suena un tanto rebuscada para nuestros oídos.

—Esto es lo que realmente ocurrió —parecen decirnos los sagaces directores que han adaptado la novela al cine—: Harker la pasó de maravillas con las novias de Drácula. Eso sí, con algo de culpa y tratando de reprimirse para no aullar como un condenado.

Bram Stoker va mucho más allá.

Lo primero que registra Harker en su diario es que una de las vampiresas —la rubia— se arrodilló ante él y se recreó sin prejuicios. Ahí no hay metáforas, ni alusiones a la culpa, a pesar de que el acto de recrearse sea excesivamente cuidadoso. Harker está narrando literalmente lo que sucedió pero con una terminología, digamos, un poco constipada; típica de un caballero victoriano que prefiere mantener las formas.

Luego añade que, mientras la vampiresa se recreaba, sintió algo nuevo: una mezcla de excitación y repulsión que le hizo volver el rostro. Este movimiento reveló parte de su cuello. Según anota Harker, las vampiresas se relamieron como animales salvajes, y hasta pudo ver destellos de saliva brillando en sus labios y colmillos. Recién entonces las vampiresas lo muerden:


Pude oír el chasqueo de su lengua contra sus dientes y labios, y su cálido aliento en mi cuello. Pude sentir el suave y tembloroso roce de los labios sobre la piel de mi cuello, y los colmillos afilados deteniéndose ahí. Cerré los ojos en un lánguido éxtasis y esperé con el corazón palpitando.


Para la época en la que Drácula fue escrito, decir que una mujer se arrodilló frente a un hombre y se recreó no requería mayores precisiones: Harker lo pasó de maravillas y no sintió ni una pizca de remordimiento. Lo único que lo perturbó fue la inoportuna interrupción del conde.

Stephen King, en el libro: Danza macabra (Danse Macabre), resume del siguiente modo el final de aquel encuentro:


Harker se muestra un poco decepcionado cuando el Conde entra en la estancia e interrumpe su pequeño tête-a-tête. Probablemente la mayoría de los lectores de Stoker también.


Del mismo modo, las sensaciones de Lucy y Mina, al ser mordidas por Drácula, son idénticas a las de Harker. En términos perfectamente acartonados Bram Stoker describe que ambas alcanzan el clímax del placer.

Es lícito suponer que eso es lo que se siente al ser mordido por un vampiro: placer, al menos en aquellos años en los que un chupasangre, para ser aterrador, debía seguir una estricta dieta heterosexual.

Pero si tomamos la mordida de los vampiros como una representación más o menos fiel del acto amoroso, también nos veríamos obligados a analizar los síntomas del vampirismo bajo la misma luz, lo cual, sin dudas, nos llevaría a un terreno bastante pantanoso.

Quizá la extrema palidez de Lucy, algo que alarma considerablemente a Van Helsing, no se debe a la falta de sangre, sino a la agotadora doble vida que la muchacha debe llevar: siendo una elegante y educada dama inglesa durante el día, donde además tolera el insoportable cortejo de Arthur Holmwood, su prometido, y una amante salvaje con su oscuro visitante por las noches.




Más sobre Vampiros. I Diccionario de vampiros.


Más literatura gótica:
El artículo: Qué se siente realmente al ser mordido por un vampiro fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Vampirología.
Antología de Delmira Agustini.
Relato de M.R. James.

Relato de Charlotte Riddell.
Ensayo de M.R. James.
Índice de poemas.